Mombasa, Diani y Kitesurf
🛸PARADOJA ESPACIO-TIEMPO⏳
Hoy es realmente 30 de mayo 2020, me encuentro en Alemania refugiándome del maldito corona virus en la casa de mis suegros. Quién siga leyendo mi blog a estas alturas del partido ya es considerado mi “público fiel” y por tanto de aquí en adelante ya no me censuraré nada. Los post tal vez serán un poco más largos pero estarán llenos de contenido original sin recelos. Espero que disfruten el viaje y puedan sentir que lo viven en carne propia. Un abrazo y gracias por seguir por aquí.
Mombasa, Kenia
14 de enero de 2020
Los días en Mombasa pasaron volando. Desde Watamu nos vinimos a dedo los 70 km👍, y sólo cambiamos de auto dos veces. En realidad, fue muy fácil hacer dedo y aparte uno se pone regalón y le hace dedo sólo a autos bonitos, para asegurarse el aire acondicionado. La gente no entiende mucho esto de que quieras que te lleven gratis, pero les explicas un poco, les parece entretenido y te llevan.
Nos bajamos a la entrada de Watamu, en la zona donde vive Ramesh (el chico millonario con el que pasamos el año nuevo), donde hay un mall, y de entradita nos invitó a comer. Este gallo es realmente generoso, nos enteramos que una vez al mes se acerca a un orfanato que hay cerca de su casa y paga la comida del día a todos los niños del hogar🦸.
Estuvimos unos 4 días en Mombasa. Por el día relajándome en casa y trabajando en construir el blog, que no sé cuándo estará listo para publicarse (al 14 de enero de 2020 aún no se lanzaba); y por las tardes nos juntábamos con Armin (Iran) y Kamen (Hongkong), una de las parejas con las que pasamos el año nuevo en Kilifi. (refresca esa experiencia haciendo clic)
Lo pasamos realmente bien cada tarde fumando shisha, jugando al “jueguito” que trata de que cada persona escribe algunas palabras en un papel, las que se mezclan en una bolsa. Luego coges una al azar, la actúas, y resto debe adivinar de qué palabra se trata🎬.
Las noches estuvieron llenas de fiesta. Salimos cada noche a un bar distinto. Incluso un día pasamos por un bar con Karaoke donde nos adueñamos del micrófono🎤. Me armé de valor y canté en español, “La Maleta” de Luis Fonsi y luego “A Dios le pido” de Juanes, donde terminé sacando aplausos👏.
En la disco bailable, a la que fuimos dos noches, tocaban 80% pop y reggaetón, del cual un 30-40% era en español. Ramesh ni siquiera toma alcohol, pero se encarga que todo el mundo tenga su vaso lleno.
Nos invitó a los 4 a tomar una “cascada” 🍹donde se ponían varias copas una encima de la otra. La de más abajo estaba llena con un licor verde y desde arriba le dejaba caer otro licor mientras le ponía fuego. Cuando la base estaba en llamas debías meter tu bombilla y beber el elixir.
En Mombasa nos tocó una desventura, llevamos el celular de Julie a reparar. Que, si leyeron el post de Watamu, sabrán que se mojó en el mar. El celu pasó 3 días en un tarro con arroz para secarse y logró encender, pero la pantalla no funcionaba bien. Luego de llevarlo a una galería de celulares, y esperar cerca de 6 horas mirando al techo, sin siquiera poder salir por ahí a pasear porque se rajaba lloviendo, todo esto mientras “lo reparaban”. El tipo no conforme con no poder arreglar el problema, lo dejó peor. Ahora la pantalla está llena de líneas de colores y tanto la cámara como los botones laterales no funcionan. Evidentemente no le pagamos nada y ahora Julie tiene un celular que es muy útil para ver la hora y poco más☎. Lo único rescatable del día sería la comida.
Diani, Kenia
18 de enero de 2020
Uff!!. Diani fue espectacular y muy intenso. Fue un retiro espiritual de aprender a hacer una página web para construir el blog, de aprender a hacer kitesurfing y de trabajar en mi pega (curro) de “la vida real”, claro.
Mombasa es la segunda ciudad más grande de Kenia y además es prácticamente una isla. Salir a dedo desde aquí es complicado, así que tomamos un tuktuk🛺 hasta el ferry⛴. Para nuestra grata sorpresa, éste era gratuito, que a pesar que son sólo 10 minutos en el barco, se agradece.
Al bajarnos del ferry estaba la opción de irse a dedo o de tomar un Matatu🚌, esta vez optamos por el Matatu que sólo costaba 700 pesos (USD$1) y nos llevaba por unos 40 km hasta Ukunda que es el pueblo más cercano que se ubica a unos 7-10 km de la playa.
Al bajarnos en el cruce hicimos dedo hasta Diani. Les comento que cada una de las veces que nos bajamos de un matatu aparecen 10 bodaboda🏍 (mototaxi) tratando de llevarte hasta la puerta de tu casa y cuando les dices que irás a dedo no entienden. En general, nadie entiende eso de ir a dedo, no piensan que hay gente que está dispuesta a llevarte sin cobrar (lo mismo que me pasaba en Asia).
Diani es una de las playas más famosas de Kenia, se ubica unos 80 km al sur de Mombasa y se ve bastante presencia de Mzungus (turistas blancos). Sólo había 2 lugares para hacer Couchsurfing y no quedan en Diani, sino que en Ukunda. Decidimos arrendar por Airbnb una habitación en una Villa (se les llama Villa a los hospedajes que dentro del mismo recinto tienen varias casitas o departamentos privados).
Esta Villa, para quedar tan sólo a unos 200 metros de la playa, era económica, costaba de cerca de 15.000.- la noche (20 usd), tenía piscina y wifi. Sin embargo, no era muy bonito que digamos. Si bien la casita que nos tocó era espaciosa, limpia y tenía una terraza, todo el mobiliario era antiguo y descuidado. No se sentía la musa inspiradora que se necesita para redactar buenos post para el blog 📖y para remate el internet no llegaba a la habitación, por lo que sólo pasamos una noche ahí.
En nuestro segundo día, antes de la hora del checkout (salida), aún no teníamos donde cambiarnos, porque los demás lugares que vimos online comenzaban en los 35 mil la noche y eso se nos escapa mucho del presupuesto.
Salimos temprano de la villa a recorrer a pie para tratar de encontrar un nuevo hogar, caso contrario tendríamos que seguir en ese que no nos gustaba. Luego de visitar un par de opciones que descartamos, llegamos a Akula Appartments, que nos encantó apenas entramos. No era como la casa de Watamu, con la que sigo soñando porqueesa casa es simplemente insuperable.
Todo era muy bonito, con palmeras, piscina, moderno y un wifi poderoso. Lo que no nos encantó fue el precio. La noche costaba 40 mil pesos (55 usd). Así como que no quería la cosa, le preguntamos a la chica que atendía si nos haría un descuento. Eso no estaba en su poder, pero nos dio el teléfono del dueño. Se trataba de un chico de Bélgica, y con pocas esperanzas le escribimos diciendo que somos mochileros a tiempo completo🎒, que somos de Chile y que queremos estar varios días en Diani. Le contamos que actualmente estamos pagando 20 usd, pero entendemos que su Villa es mucho mejor… cuento corto, logramos cerrar en 22 mil la noche ¡La cagó para bueno el descuento! Volvimos corriendo a nuestra villa, dijimos chao pescao y nos mudamos a este nuevo y hermoso lugar🏖.
Las playas de Diani son preciosas, no tengo nada que decir. Tiene arena blanca como ella sola y se extiende hasta donde te da la vista. Aquí viene medio mundo a practicar Kitesurf, que para quien no sepa, es un deporte acuático donde, encima de una tabla, eres empujado por un parapente con la fuerza del viento🪁🏄.
Cuando vivía en la playa en Alicante, España, ni siquiera intenté hacer kitesurf puesto que la hora de instructor no baja de los 50 euros y según dicen, requieres 6-10 horas para recién poder andar sin caerte muy seguido. Es decir, deberías invertir en el orden de 500 euros = 400 luquitas.
Por la playa encontré muchas escuelas de Kitesurf. Todas pertenecían a lujosos resorts y aparte eran atendidas por europeos. Los precios por un curso de 6 horas era peor que en Alicante. Variaban desde los 250 a los 400 usd (35-50 mil pesos la hora en promedio).
Entonces me dije “¿cómo no va a haber un keniano con un kitesurf dispuesto a enseñarme por una módica suma en toda la playa?” y me puse a pensar cómo podría llegar a encontrar a este keniano y fue cuando se me iluminó la ampolleta💡.
Me acerqué a los chicos que te acosan todo el día tratando de venderte tours a los delfines🐬 y les conté mi plan. Como estos chicos ganan comisión por cualquier cosa, se puso toda la playa a buscarme un instructor. No alcanzaron a pasar unas horas cuando recibo la llamada de una escuela keniana de kitesurf, que sin vernos en persona, llegamos a ¡10mil pesos la hora! es decir apenas 15 usd. Una verdadera ganga si lo comparamos con los 35-50 que estaban cobrando en los resorts.
🤙 LOGRO DESBLOQUEADO: Hacer Kitesurfing. 🤙
Ahora si va todo viento en popa. Una linda casa con piscina para capear el sol y trabajar muy inspirado en el blog. Profe de kitesurf a precio de huevo, para aprender este deporte que se ve dificilísimo desde fuera, pero que una vez que comienzas te das cuenta que tal como se ve, ¡es realmente muy difícil! Pero que me ha encantado, termino las sesiones con una sonrisa de oreja a oreja🤪.
Sobre la vida diaria en Diani, puedo comentar que teníamos un supermercado a apenas 1 cuadra de casa y una verdulería con frutas y verduras muy frescas y económicas justo al lado. Casi todos los días desayunamos piña/mango/papaya con pan tostado u ocasionalmente chapati con palta.
Me encanta poder encontrar palta 🥑 por todos lados es ¡tan rica y tan barata aquí! el kilo no supera los 800 pesos (1 usd).
Para almorzar, como es costumbre, comemos en algún puestito en la calle donde podemos encontrar ugali, arroz, marague, matumbo y, si estás de suerte, guiteri. Evidentemente hay muchos restorantes decentes para turistas con precios europeos, pero nosotros ni nos acercamos, no vine a Kenia a comer comida occidental 🍕 🍔.
Frente al supermercado, cada día nos encontramos con un chico keniano que me ayudó a buscar profe de Kitesurf. Aunque no fue él quien logró el contacto, era muy simpático e hizo un gran esfuerzo por ayudarme en todo momento por lo que lo invitamos a comer ugali matumbo, a lo que se mostró muy agradecido. Nos comentó que lleva años trabajando con mzungus (turistas blancos), llevándolos a todo tipo de actividades turísticas y nunca nadie había realmente hablado con él, interesándose en la cultura keniana ni mucho menos invitándolo a almorzar, lo que me conmovió 😔.
El plato de comida en estos puestitos de la calle, como ya saben, no llega a costar mil pesos (1,5 usd). Y dejando de lado que no tienen precisamente la higiene de un restorante Michelin, la comida es muy rica y la gente muy amable.
✍ ANÉCDOTA DEL DÍA ✍
La anécdota de Diani fue que, en el segundo día aquí, tal vez debido a que la luz se corta como 3 veces al día, mi notebook dejó de cargar “¿será el cargador o el notebook?”, pensé. Cual fuera el problema me dejaba en una complicadísima situación.
Eran sobre las 4 de la tarde, Julie se encontraba haciendo sus clases de Alemán y, como ya saben, está sin celular. Por lo que debe usar el mío para hacer sus clases, ya que si pone el video en el computador se consume el plan de datos en un santiamén.
Por tanto, sin celular, metí mi computador y el cargador en mi mochila y salí en una misión que parecía imposible. Encontrar un cargador nuevo para mi Asus 💻. Yo no sé si el mundo confabula para hacer las historias más interesantes, pero además de que no había tiendas de computación en la playa, apenas puse un pie en la calle se largó a llover.
Me recorrí, sin exagerar, unas 20 tiendas cercanas. Oficinas de turismo, peluquerías, farmacias, restorantes, bazar, etc para ver si alguien usaba el mismo cargador que yo, pero no encontré a nadie.
De puro amarrete (mezquino), no quise tomar tuktuk 🛺 y me puse a hacer dedo bajo la lluvia para ir a un pequeño centro comercial que quedaba a 2 km. Paró un francés, que no hablaba inglés, pero entre señas y a lo Tarzán, le comenté que iba al centro comercial porque mi compu había cagado. Él se dirigía a Ukunda y me recomendó ir para allá porque mejoraba mis probabilidades de éxito, así que le hice caso.
En Ukunda, encontré una tienda de computación dentro de un centro comercial. Ellos tenían un cargador que no era el mismo, pero le servía a mi notebook. Lo probamos y comenzó a cargar ¡qué alivio no estaba roto el computador! A pesar de que cargaba, no era el cargador adecuado y entregaba apenas la mitad del voltaje.
Por suerte, justamente dentro del mismo mall había otra tienda que reparaban celulares. Les comenté sobre el cargador, le midieron el voltaje y se confirmó que ahí estaba el problema. El chico me dice “Necesito 30 minutos y 5mil pesos (7usd) y tu cargador quedará impecable, si no funciona no tienes que pagar”.
No sé por qué pero como que me vino un dejabú pensando en la tienda de celulares donde Julie llevó el suyo… al caso, como el cargador ya estaba inservible ¿qué podía perder? Para mi suerte, el chico trabajaba impecable y en 30 minutos lo tenía reparado. Salí a la calle, ya no llovía, pero estaba de noche. Me puse en la esquina a hacer dedo y para mi sorpresa fue un tuktuk quién me llevó gratuitamente hasta mi casa. Colorín colorado este cuento se ha acabado.
No te pierdas por nada del mundo el siguiente post porque ¡nos vamos a Tanzania! ¿Serán muy distintos los kenianos a los tanzanos? ¡Vamos a verlo!
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