Las granjas de té más grandes de África.

Kericho, Kenia
Domingo 22 de Diciembre 2019

Hoy toca cambio de ciudad. Nos vamos a Kericho, un pueblo a unos 100 km de Nakuru y que se caracteriza por tener la plantación de té más grande de África 🌿con más de 150mil hectáreas de té ☕.

A las 8:30 ya estábamos despiertos y ¿cómo no? si da igual donde consigamos alojamiento, siempre habrá una mezquita cercana haciendo ruido. Una vez desayunamos, comenzamos a armar la mochila y me percaté que me faltaba dinero y mi tarjeta de crédito💸. Aquí la cosa se puso delicada, que me roben cash es poco probable, pero factible. Pero que se metan en tus cosas y te roben la tarjeta me parecería prácticamente imposible.

El tema es que tengo casi la certeza absoluta que los dejé en el armario, justamente porque no quería llevarlos conmigo por miedo a perderlos. Me cuesta trabajo pensar que hayan sido los host, los que de alguna manera hayan robado el dinero, porque eran muy simpáticos e incluso nos ofrecieron quedarnos una noche más sin pagar. Entonces la única sospechosa es la mayordoma🔪, que hizo la limpieza de la habitación mientras no estábamos y por supuesto, también está la opción de que se me haya caído del bolsillo.

Fue un rato poco agradable, porque le hicimos el comentario a nuestro host, de la forma más delicada posible y poniendo como mayor probabilidad que la hayamos perdido en el taxi o en el jeep del safari. Sin embargo, el mensaje era muy claro de que sospechábamos de la chica del aseo, que al menos con nosotros nunca mostró mucha buena onda, y apenas nos dirigió la palabra durante nuestra estancia.

Después de casi una hora de buscar, dimos la misión por perdida y bloqueé la tarjeta con mi celular. Nuestros hosts estaban realmente apenados y se ofrecieron a devolvernos las 30 lucas (40usd) que echaba de menos 💵, pero lógicamente nos negamos a aceptarlo. Tendremos que ser mucho más cuidadosos en el futuro y que nos sirva de lección.

Al final de todo, no me es tan terrible la situación, para eso tengo seguro y mi banco me enviará otra gratuitamente. En España perdí mi tarjeta 💳 y demoró apenas 5 días en llegar una nueva. Veremos cómo cambia la cosa en Kenia.

Caminamos con nuestras mochilas hasta el terminal de matatus (autobús) y medio mundo nos ofreció transporte. Encontramos el matatu oficial a Kericho, el que costó 3.700 pesos (5usd).

El viaje de 100 km habrá durado unas 3 horas🥱.  El viaje terminó sin novedades, si me pongo exigente, lo peor del viaje fue que durante gran parte del trayecto veníamos con la música a todo volumen y sonaba una música entre polinésica y villancicos que no logro quitarme de la cabeza.

El pueblito de Kericho es minúsculo y nos tomó menos de media hora recorrerlo por completo. En las cercanías cuando veníamos en el matatu pasamos por montones de plantaciones de té y mañana las visitaremos con mayor detalle. ¡Me tinca que el paseo estará buenísimo!

Nos estamos quedando en el único hotel que pillamos en booking 🏩. El pueblo es tan pequeño que ni siquiera hay Airbnb. Preguntamos en nuestro hotel por tours a las plantaciones y nos contaron que costaba 11.000 pesos (15 usd) y que incluía la visita y el transporte.

Los lugareños han sido excepcionalmente simpáticos y amables. Todo el mundo nos saluda y nos dice bienvenidos a Kenia, bienvenidos a Kericho, un auto que pasaba nos gritó “bienvenidos, feliz navidad” 🎅 y así una alegría envidiable en cada paso que damos.

De vuelta hacia nuestro hotel, después de patiperrear por la ciudad, nos encontramos un puñado de gente agrupada. Nos acercamos a mirar y estaban todos atentos a una partida de damas. Cuando estuvimos próximos al grupo, se dieron vuelta, nos saludaron y lógicamente nos invitaron a jugar.

Yo evidentemente me animé y di mi mejor batalla, pero no fui vencedor. Mi oponente jugaba muy bien y además aquí tienen una regla distinta y es que se puede comer hacia atrás, lo que no estaba en mis libros. Entonces pensando tenía un espacio y lograría coronar, moví mal las fichas y me las comieron en reversa por lo que no me quedó más que abandonar la partida.

Déjame tu nombre y correo. Sólo te escribiré cuando suba una nueva aventura, lo prometo.
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Mientras yo jugaba, Julie se entretenía hablando con un señor llamado Peter 👨🏿‍🦲 que, según él, tenía a su cuñado en Alemania (nacionalidad de Julie). Le comentamos que queríamos ir a ver las plantaciones de té y se ofreció a llevarnos, en realidad se comportó con tanta amabilidad que uno empieza a sospechar en qué momento llegará la boleta.

Le preguntamos cuanto cobraba por llevarnos y casi se ofendió porque para él era un honor pasearnos como sus invitados y que cualquier muestra de agradecimiento estaría bien. Aceptamos el ofrecimiento y le dijimos que felices lo invitaríamos a almorzar.

Eran como las 18:15 hrs., luego de despedirnos y confirmar que haríamos la visita a los campos de té con él, nos volvimos al hotel. Habrán pasado 10 minutos de llegados al hotel cuando me llega un whatsapp de Peter diciendo que estaba abajo en el comedor del hotel 🤨 (Julie me retó porque no debí haberle dicho el nombre de nuestro hotel).

Bajé a ver que quería y estaba sentado en el comedor tomando un vaso con agua caliente y me dijo que vino a ver el partido de fútbol porque jugaba el Manchester con no se qué otro equipo. Le dije que gracias pero que estaba cansado y que si no necesitaba nada nos veríamos mañana temprano.

Me volví a la pieza pensando si habremos tomado la decisión más sabia, al ir mañana de excursión a unos campos de té con un perfecto desconocido encontrado en la calle.

Ahora, mientras escribo. Me doy cuenta que la situación suena bastante más terrible que como se dieron las cosas, pero ya les estaré contando. Ahora son las 20:30 hrs. y estoy agotado escribiendo aquí sentado en la cama🛌🏻.

Me pegaré una duchita y si hay suerte me quedaré dormido pronto. Habrá que recurrir a los tapones de oído nuevamente, porque hay bastante ruido de gente en los alrededores y me pareció hace un rato escuchar unos cantos de una mezquita cercana. ¡Hasta mañana!

. . . tras una breve pausa.

¡Tuve que volver a encender el compu y escribir el diario! Mientras estaba en la ducha sonó mi teléfono y adivinen quien era, sí Peter. No le llamé de vuelta, pero le escribí un mensaje preguntando si estaba todo bien. Pensé que podría querer cancelar el paseo porque justo había comenzado a llover, pero sólo me respondió diciendo que quería decir buenas noches, que éramos muy simpáticos y que nos vemos mañana a las 8:30am.

Ya les contaré si sobrevivo a esta aventura, ¡hasta entonces!

Lunes 23 Diciembre 2019

Mi alarma estaba puesta a las 7:45 am, pero creo que fui demasiado optimista 🕢. No creo que hayan sido más de las 7 de la mañana cuando un coro comenzó a cantar en las inmediaciones del hotel. Se me ocurre que es la alarma amigable del hotel, anunciando que son las 7 y todo el mundo debería comenzar su día.

Chequeé mi celular y me encontré con un mensaje a las 6AM de Peter (el chico que conocimos en la calle y que nos llevaría de paseo), entre dormido y en mi eterna ingenuidad pensé que podía tratarse de que cancelaba el paseo, ya que lloviznaba, pero no. Me enviaba los buenos días y un video de youtube 🎞 con un grupo keniano cantando no sé qué cosa. Que se los dejo aquí por si lo quieren escuchar mientras continúan la lectura al ritmo de la música.

Bajamos al comedor suponiendo que lo encontraríamos ahí pero no fue así. Lo que si nos encontramos fue un estupendo desayuno buffet🍍🍇🥐🥞. Había cereales, té, café, leche, lentejas, batata, “potato finger”, jugos naturales y unos buñuelitos que se llaman mandazi. Nos servimos de todo un poquito. Los meseros estaban super felices de atendernos. Por la pinta que traía, diría que apareció hasta el manager del hotel a preguntarnos si habíamos dormido bien y si el desayuno estaba bueno.

8:20 am. Peter llegó vistiendo un traje de pantalón, chaqueta y zapatos negros recién lustrados 🕴. Se tomó una taza de agua caliente sin agregarle nada más, y una vez estuvimos listos comenzamos a andar.

Sin preguntar, Peter nos llevó por la calle hasta la avenida, donde hizo parar un matatu y nos fuimos hasta la fábrica. En el camino a la avenida, que habrán sido 4 calles, medio mundo lo saludó 👋, parecía ser una persona bien conocida en la ciudad (lo que me dio tranquilidad) y todo orgulloso nos presentó a un par de personas en el camino.

Vamos a aclarar, este Peter 👨🏿‍🦲 no es ningún vagabundo ni mucho menos, según nos contó trabaja en la municipalidad de Kericho y por eso lo conoce todo el mundo. Además, habla muy bien inglés y se nota que es una persona con educación.

Nos bajamos del matatu frente a la oficina central de la fábrica, para nuestra sorpresa toda la propiedad y las 13.000 hectáreas plantadas de té pertenecían a Unilever. Que, para quien no sepa, es uno de los conglomerados más grandes del mundo, dueño de marcas como Lipton, Pepsodent, Dove, entre muchas otras.  Según internet, esta planta en Kenia ostenta el título de “Rainforest Alliance” 🌱, lo que la haría una empresa comprometida socialmente, sustentable y que los salarios de sus empleados triplicarían el salario de mercado 💰.

A poco entrar a la oficina central, nos dimos cuenta de que se trataba de una empresa grande y moderna. Había un sendero marcado para caminar, no podías caminar por el estacionamiento, a pesar de no haber ni un solo vehículo ⚠. Dentro de la oficina, encontramos los clásicos carteles de “tómese de la barandilla al subir la escalera”, “use implementos de seguridad”, etc.

A la entrada de la oficina, Peter se acercó a la recepcionista y la trató de convencer de que nos diera un tour por la fábrica y, diría yo que, le metió un cuento que éramos unos alemanes interesados en hacer negocios en el rubro del té 💼 💶.

Tomaron nuestros datos, nos sacaron una foto, nos entregaron una tarjeta de visitantes y nos hicieron pasar a la sala de espera. Estuvimos unos 10 minutos en la sala de espera, hasta que nos hicieron pasar y nos recibió el administrador de la fábrica. Para sorpresa de todos, resultó ser un amigo de Peter que entre risas, fotos, tazas de té y un par de mentiritas blancas, como que “somos sus amigos, que vinimos desde Alemania a verlo a él y que llevamos una semana en su casa” 🤥, nos dio la autorización para acceder a la fábrica.

La fábrica quedaba a 3km desde la ciudad, pero hacia el otro lado. Volvimos en matatu y tomamos mototaxi hasta la fábrica. Con casco, reflectante y cuanta medida de seguridad que existe (cuando lo normal es ir 3-4 personas por moto, sin casco y con sandalias), entramos a la fábrica recorriendo todos los campos de té en moto 🍃. La vista era maravillosa, interminables campos verdes de té, que se ven como ligustrina de aproximadamente 1 metro de alto y según cuenta la leyenda, se cosecha a mano y sólo se toman las hojas que van creciendo por sobre el metro y clasificando si cumple o no con la calidad esperada 🍂.

Ya en la entrada a la fábrica, un trabajador que decía tener más de 30 años de servicio nos indicó que será nuestro guía. Con ayuda de un proyector 📽nos hizo una presentación de PowerPoint comentando que la fábrica se construyó en 1930 y durante este tiempo ha tenido 4 grandes remodelaciones, pasando desde procesar 20 toneladas de té a 150 toneladas, que produce actualmente.

Dentro de las reformas, no sólo se mejoró la productividad sino también la seguridad, el guía nos comentó que antiguamente se morían muchos trabajadores electrocutados por rayos ⚡, pero que ahora, tienen maquinaria que detecta las tormentas eléctricas 🌩 y cada trabajador recibe un SMS para que busque refugio. Afuera estaba lloviznando y nos comenzó a entrar el cuco (miedo) pero el presentador agregó: “Como medida adicional, suena una sirena por todo el campo así que no tienen nada que temer”.

Luego de la presentación, nos dieron zapatos de seguridad, delantales, gorros para el pelo, tapones de oído, mascarillas y comenzamos el tour. Como en cualquier fábrica, estaba prohibido tomar fotos 😔, así que lo siento por ustedes, pero nosotros disfrutamos a concho cada momento🤭.

Fuimos viendo la línea de montaje y todo el proceso de recogida, secado, cortado, picado, molido de hojas de té. Pero de todo lo anterior, para mi gusto, la parte más entretenida fue el laboratorio de té. Cada una hora se toma una muestra, se clasifica y posteriormente se preparan pocillos con té para que el catador experto pruebe cada una de las muestras.

Con una cuchara sopera, el catador toma una cucharada de cada una de las tazas, le da un sorbo rápido que luego escupe en un balde. Así va avanzando por cada una de las muestras. Evidentemente Tom el catador 🧐 repitió el proceso y mi opinión profesional es que el té estaba muy rico😅.

Volvimos a la recepción donde entregamos todo el equipamiento de seguridad y salimos del lugar. Estaba comenzando a llover. No había ningún tipo transporte para acercarnos al pueblo y habíamos olvidado tomar el teléfono de las motos.

Para remate UBER no funciona en este pueblo, por lo que decidimos caminar con riesgo de que nos cayera algún rayo ☠. 

Eran 3 km los que debíamos caminar hasta el pueblo. El primer kilómetro estuvo bien, además que se disfruta mucho caminando porque el paisaje del té es espectacular, pero entrando al segundo kilómetro, la lluvia se puso intensa y, si bien era aguantable, mis zapatillas tienen sobre los 3 años, por lo que no necesitan más que un par de gotas para comenzar a sentir el agua en el calcetín 🧦.

En un momento, el agua cayó de forma torrencial ⛈. Duró solo unos minutos, pero fue lo suficiente para quedar empapados 🌊. Igualmente, no había mucho que hacer estando en medio del campo. El tercer kilómetro bajó mucho la intensidad e incluso se detuvo, por lo que hasta tuvimos algo de tiempo de quedar secos, al menos la cara y el pelo.

Ya en el pueblo, buscamos un lugar para comer y fuimos al favorito de Peter, donde servían asado de cabra con ugali.

Mientras atravesábamos el pueblo, seguía saludando a medio mundo y comentando a todos, que vinimos a verlo a él.

En el restorán había sólo lugareños. Ya llevamos varios días sin ver a ningún turista de piel blanca. El restorán estaba lleno y la comida estuvo bastante rica. Nos salió como a 2.000 pesos por persona (2,5 usd). 

Terminamos de comer, pasamos por el hotel a buscar las maletas y seguimos directamente a la carretera donde estaba el terminal de matatus.

Cuando se va acercando la hora final, uno se pregunta ¿saldrá con alguna gracia Peter 👨🏿‍🦲o realmente lo hizo por “amistad”?

Y sí… así es la humanidad, al final del día nadie da puntada sin hilo y Peter no fue la excepción. Eso sí, lo hizo de forma camuflada.

 “Tom, sabes, mientras estábamos en la fábrica, el chico que nos dio el tour realmente esperaba alguna muestra de agradecimiento. Me lo dijo a mí en swahili y por eso ustedes no entendieron. Me dijo que él esperaba que le diéramos 10 usd entre ambos”.

Con Julie nos miramos totalmente incrédulos, era evidente que se estaba inventando la historia 🤥 para ver si nos rascaba algo. Nos hicimos los locos y ni le contestamos. Cuando llegó el matatu volvió a insistir sobre el dinero que le prometió a los de la fábrica y le dije:

 “Peter, sinceramente no creo que esta gente espere nada de nosotros, pero si es para ti, como forma de agradecimiento estaremos felices de darte el dinero suelto que nos quedó que son 4usd, si te parece bien, perfecto”. A lo que accedió. 

Nos subimos al matatu y comenzó el viaje de 2-3 horas, 85 km desde Kericho a Kisumu.

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2 Comments
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Gabriela
Gabriela
February 29, 2020 11:06 am

Me encantó tu relato y el lugar, pequeño pero lleno de aventuras. No me trago tu foto durmiendo y el juego de damas me hizo recordar algunos de ajedrez donde no te iba muy bien por apurón. Faltó un videíto de “Tom el catador. Bueno y qué decir de Peter, todo un personaje!!

Gabriela
Gabriela
February 29, 2020 12:21 pm

Rectifico, si está “Tom el catador”, se me cortó el video antes que apareciera, quizás ya te estás bronceado tanto que no te reconozco. “ponte los lentes, mami, como dice Feñi.