Nairobi, Primeras Impresiones 04
Nairobi, Kenia
Martes 3 de Diciembre 2019
…Como el día estaba bonito y soleado, me pareció una buena idea ir a visitar el Uhulu Park, que es un parque muy grande y céntrico que quedaba a 3,5km de donde estábamos (El Yaya Centre). Julie no le gustaba mucho la idea de caminar, no por la distancia, sino más bien por miedo😨. Seré majadero, pero nos han advertido tanto de los asaltos, violencia y peligro 🔫 que es normal ser muy cauteloso. Sin embargo, a plena luz del día y por una avenida principal yo no veía gran problema, así que insistí y caminamos. El paseo fue tranquilo, sin ningún tipo de amenaza, salvo el de morir atropellados🚗, recalco el mal estado de todas las calles.
Una vez en el parque escuchamos un griterío y cierta acumulación de gente por lo que nos acercamos a mirar. Se trataba de una presentación religiosa, evangélicos diría yo. Había un escenario con un grupo de gente vestida de rosado y un pastor hablando. En frente, en el parque mucha gente sentada escuchando y gritando amén de vez en cuando. Llegamos a acercarnos lo suficiente para percatarnos que no estábamos en un buen lugar. La gente que estaba sentada en los pastos escuchando la prédica eran, aparentemente, gente sin techo, personas pobres, niños, jóvenes y adultos descalzos, con miradas perdidas, esparcidos por el lugar. El panorama era deprimente total, vimos niños jalando pegamento como si nada y otros durmiendo por la vereda del parque. No había ningún turista en la zona, así que nos fuimos rápidamente hacia otro sector del parque.
Si bien el panorama mejoró bastante, se notaba que este parque no era muy “pelolais”. En el parque había muchas atracciones para la familia, juegos para niños, trencitos, rueda de la fortuna manual, unos juegos inflables, una laguna con botes, paseo en caballo y para nuestra extrañeza paseo en camello🐫. Evidentemente nunca nos subiríamos a uno de esos camellos ni caballos, visiblemente maltratados. Nos dedicamos a caminar y mirar como jugaban los niños con sus caras pintadas y llevando globos con helio. Al detectarnos, más de alguno se nos acercó a pedir dinero, enchufado a su botellita de pegamento, a lo que preferimos seguir avanzando para evitar potenciales complicaciones. Como había llovido todos los últimos días, el parque era un auténtico barrial y había que andar esquivando pozas, muchas veces sin éxito. A pesar de lo anterior, la mayoría de las personas salían del parque con sus zapatos radiantes. Cada cual visita el parque con su trapito o esponja y con la misma agua sucia de la laguna, limpian los zapatos hasta sacarle brillo o los más sofisticados pagan a los lustra zapatos que encuentran repartidos por todos lados.
Frente al parque, se encuentra el centro de la ciudad, por lo que buscamos un sitio de comida local y lo encontramos justo frente al terminal de matatus (que vendrían siendo furgones para el transporte público dentro de la ciudad). Ahí, pedí Njahi Matacu no se cuanto, que terminó siendo porotos negros con espinaca, un poco de chucrut, porotitos verdes y unos rollitos de chapati. Julia, por su parte, pidió “Ugali”, que justamente nos había recomendado el chofer del Uber y que vendría siendo una especie de puré, pero no sé de qué está hecho, porque papa no es. Acompañado también con algo parecido a espinaca, pero que se supone no es la misma verdura que la mía. La comida estaba rica, el plato era MUY abundante por lo que no pudimos comer todo y los precios muy razonables. Pagamos por ambos platos + botella de agua grande + un smothie mango plátano 900 chelines, unas 6 lucas. Los platos costaban en el orden de los US$3 cada uno y, sería por ahora, lo más barato que hemos encontrado.
Cuando terminamos de comer, caminamos un rato más hasta que comenzó a oscurecer y nos volvimos en Uber para la casa. El UBER 🚕, en realidad, es la forma más cómoda y segura de moverse, es muy económico, cada viaje nos suele costar menos de 1500 pesos, US$2, y si bien los matatus (micros) son mucho más baratos, es sumamente difícil saber cuál tomar, para donde van y si te cobrarán el precio normal o el precio turista. En casa no había luz, según la host, producto de la lluvia, por lo que pasamos la tarde con unas velitas antes de irnos a dormir.
Miercoles 4 de Diciembre 2019
Esta mañana despertamos temprano para cambiarnos a nuestro nuevo hogar, pero la lluvia torrencial ⛈ nos limitó. Ya nos ha dicho mediomundo que con un poco de lluvia Nairobi se estanca y te puedes comer 3 horas de taco 🚧 tranquilamente. Eso, acompañado a que nuestra nueva host nos dijo que llegáramos pasado la 1pm, nos limitó a esperar en casa mirando el techo, porque la electricidad nunca más volvió.
Nos dieron la 13:30 🕜 y tomamos el Uber hacia nuestro nuevo hogar, que quedaba a solo unos 3km del lugar. Inesperadamente, luego de una curva el panorama cambió de forma radical. Se acabaron los hoyos en las calles, comenzaron a abundar los autos caros, las áreas verdes, las casas muy grandes con jardines y guardias de seguridad en cada portón. Si pensábamos que Portlad era fino, Westland sería la cream de la cream. Llegamos a nuestro destino, nos bajamos y, sin mentir, hasta la calle parecía como si la hubiesen barrido hace 5 minutos. No había un sólo papel en el suelo y ni siquiera barro, a pesar de todo lo que había llovido esta mañana.
Subimos al sexto piso, tocamos la robusta puerta de madera y nos abrió la chica de la limpieza que estaba terminando sus tareas. El depa impecable, radiante, un living muy acogedor, con una tele LED de unas 50’, un sofá grande, muy cómodo y alfombras tipo shagui, que dan ganas de estar descalzo todo el día. La habitación espaciosa con una cama grande, boxspring, y sábanas blancas, baño privado limpio, vamos, un lujo de casa.
Pocos minutos después de quitarnos la mochila, llegó Eunice, nuestra nueva host. Una chica flaaaaca, medirá 1.75 y la cabeza casi rapada. Se escapó de su oficina con su colega sólo para darnos la bienvenida y nos tiró la clásica “perdón por el desorden”😉, cuando al piso se le podía pasar la lengua de lo limpio que estaba. De su forma de hablar y vestirse se notaba de lejos que se trataba de una chica educada y de buen pasar. Cometimos el error de pedirle una recomendación para ir a comer, ya que lógicamente nos enviaría a un sitio elegante y caro. Entre ella y su amiga, se lo pensaron un rato barajando opciones y nos recomendaron tomar un Uber al restaurante porque “es peligroso cruzar la avenida”, siendo que el sitio quedaba apenas a 1km de su casa y estábamos a plena luz del día.
El lugar recomendado quedaba, literalmente, a una cuadra del Carrefour que visitamos ayer. A la entrada del restaurante había un guardia 👮♂️ y una guardia 👮♀️ para revisar a hombres y mujeres respectivamente. Me olvidé de comentar, pero prácticamente en la puerta de cualquier lugar donde quepan más de 20 personas hay guardias con detectores de metales y cacheando cuerpos. Evidentemente a nosotros no nos revisan mucho, pero a los lugareños, especialmente si andan con mala pinta, les hacen el chequeo completo.
El restaurante estaba casi vacío, se veía bonito, limpio y ordenado, aunque no necesariamente lujoso. Los precios eran tal cual costaría un restaurante OK en Chile, es decir entre 6 y 9 lucas el plato de comida. Pedimos la comida y el mesero nos dijo “ahí está el lavatorio”. Pedimos 2 cosas con nombres que no habíamos comido antes, pero igualmente nos volvió a llegar dos platos con ugali, chapati y algo parecido a espinaca a cada uno. Se supone que de verdad que se trata de verduras distintas, pero a estas alturas creo que cambia el nombre cuando cambia el condimento con la que la cocinan. Ugali (la especie de puré) y chapati (pan indio que es como una tortilla mexicana), serían los acompañamientos por excelencia de la comida keniana. Pedimos el ugali para comparar el sabor del ugali de restaurante de barrio con el restaurante top y diría que ambos tienen el mismo sabor.
En nuestra mesa no habían cubiertos, pero en otras mesas cercanas a la nuestra si los había. El chico nos dejó la comida y se fue y nos quedamos mirando pensando si se le habrán olvidado los cubiertos o si esa comida se debería comer con la mano. Estuvimos unos 5 minutos mirando para todos lados a ver si resolvíamos el enigma, porque era un restaurante igual medio elegante, entonces daba vergüenza ponerse a comer con la mano para que luego llegara el mesero con cubiertos y te mire con cara de ordinario. Terminamos llamando al mesero y le preguntamos si se comía con la mano y nos dijo que sí, pero que nos va a traer cubiertos, a lo que nos negamos y nos pusimos manos a la obra. Fue nuestra primera comida en África con las manos, y si algo aprendí en Asia, es que se debe comer sólo con la mano derecha, ya que comer con la izquierda es de mala educación. Aparentemente, con esa mano se limpian en el baño cuando no hay papel higiénico. Parte del staff de cocina nos miraban comer y se reían, pero no había más gente en el local para saber si lo estábamos haciendo bien, ya que al final mezclamos la salsa, el ugali y las espinacas todo bien revuelto. 🤓
Una vez terminado de comer, nos llegó un mensaje de nuestra host diciendo “perdonen chicos me olvidé comprar pantuflas nuevas para que se muevan por la casa, en la tarde les llevaré” ¡Increíble la hopitalidad! Salimos del local y antes de irnos a casa a estrenar nuestras pantuflas nuevas, pasamos por el Carrefour, compramos un par de cosas para tomar once y nos vinimos. Y aquí me encuentro, en este momento escribiendo, con los pies calentitos, contestando algunos emails y pronto a ver una película en Netflix.
¿Qué te ha parecido estos primeros días en Nairobi? ¿Era cómo te lo esperabas? Déjame un comentario con tu opinión.
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Muy ameno Tomás
gracias! ya hay un nuevo post
Bonita descripción. Casi viajamos con vosotros Keep on
Gracias por el comentario. Esa es justamente la idea!
Hola, soy Tana una prima hermana de tu padre, es muy ameno lo que escribes, y muy atrevidos a viajar de esa forma por África. Mi enhorabuena, oh juventud divino tesoro… Un abrazo desde Las Palmas
Muchas gracias por comentar! ya hay un nuevo post! saludos
Wena la pizza!
Ameniza mis ratos de lectura ?
Gracias! Ya tenemos nuevo post